El premio Eugenio Espejo, concedido en este año a Jacchigua, el Ballet Nacional del Ecuador, es un valioso reconocimiento a la sencillez, a la humildad de las mujeres y de los hombres del Ballet, de los bailarines de ayer, de ahora y de mañana, en especial de las artistas, de las campesinas, de las urbanas, de las indias, de las mestizas, de las blancas y de las negras de la patria.
Anoche me puse a pensar en el Salón Amarillo, y me preguntaba, ¿está bien aparentar lo que no soy con corbata?, ¿qué pasará si me pongo la chompa del Ch Guevara?, o podré estar sentado junto a ustedes con el poncho de los colores libres del arco iris; y me preguntaba ¿por qué me dan este premio?. Encontré muchas respuestas, pero la más importante, el ejemplo de vida junto al arte, aceptando y respetando todo, “porque los colores están en el universo, el sol brilla para todos, dándonos luz y vida, salud y armonía con la mirada de libertad para un mundo de paz para encontrar la felicidad”
Este premio sin lugar a dudas es por la creación y la vida, respetando al medio ambiente y a nuestro danzante, yumbo, yaraví, chaspishca, sanjuanito. Porque no hizo falta traer coreógrafos extranjeros para que visualicen nuestros hechos culturales; 83 coreografías ricas en conocimiento cultural con sensibilidad y armonía como somos.
Jacchigua es la expresión de las culturas de la patria, de las festividades y de las tradiciones de cada uno de los rincones del pueblo, de las fiestas de la Pacha Mama, del Inti Raimi, de los Diablo Humas, de los Saraguros, de Calderón y sus lloronas, de Chimborazo, de Pilligsillí, de Maca Grande, de Maca Chico, de las Fiestas del Sr. de Maca, de los Pases del Niño, de los Inocentes, de la Chonta y la Anaconda, de la Marimba y sus caderonas, de la Bomba del Chota, de los que zapatearon, de los que lustraron zapatos, de los que vendieron periódico, de los que durmieron debajo del chilco en la mitad del sigse, de los que bailan a pesar de tener capacidades diferentes pero que logran tener autoestima y dignidad.
Este Premio a Jacchigua, recibimos con humildad, pero asumo la responsabilidad de seguir buscando en el pueblo más EUGENIOS ESPEJO, porque hace falta conocer al Ecuador queriendo y luchando para salir de la mediocridad.
Debo reconocer que es un premio a todas las mujeres del Ecuador, que son las únicas que guardan celosamente las tradiciones, las lenguas, las culturas, para sabiamente transmitirlas, heredarlas, a las nuevas generaciones, para que sigan buscando la identidad de este pueblo nuevo.
Entonces debo decir sin duda a equivocarme que este premio es para Mama Tránsito Amaguaña, para Mama Dolores Cacuango, para Mama Nela Martinez, para Mama Manuela Sáenz, para Mama María, Mama Miche y Mama Rosa, para todas las mamas que mantienen las familias ecuatorianas, que forjan la Patria y que paren la cultura a cada momento, abrazando a sus Taitas entre las cangaguas y las piedras, entre las esteras, las tulpas y los tanganes.
Dios le pague por este premio para todas las mujeres sencillas, este premio para las vendedoras de los mercados, para las vendedoras ambulantes, para las lavanderas de los Machángaras, para las recolectoras de conchas y de larvas, para las recolectoras de flores, para las que caminan por los chaquiñanes y zapatean la tierra, para las cosechadoras y semilleras de los páramos; otra vez Dios le pague por este premio para las mujeres de la patria, porque todas estas mujeres trabajadoras, después de las jornadas diarias de trabajo, a la hora de la fiesta y de la tradición se levantan presurosas y apuradas para cocinar la cultura y para vestirse con la tradición que hará bailar y cantar la heredad y la bella riqueza del folclor ecuatoriano, o sea, este premio ahora ha sido para las de poncho, como dice el Presidente Correa, ahora le tocó al pueblo.
Por esta razón debo decir, que con este premio Eugenio Espejo nace una guagua, una niña, una esperanza, porque les digo, que el Ballet Jacchigua es HEMBRA, hembra porque es arte, porque es belleza, porque es sensualidad, movimiento, colores, vida, tradición, porque es la única sangre pura que brota la mujer cada 28 días para alimentar la pacha mama y junto al játun taita unir familias, vecinos, enemigos, pueblos y continentes. Y en todo este tiempo, este JACCHIGUA se empreño con los colores y las texturas, con los collares y los ponchos, con las fajas y sarcillos, con los tupos y sombreros, con la sensibilidad de la vida, con esperanza y constancia; y ahora al haber cumplido 62 años de gestación pare una guagua, una nueva fecundadora de las culturas ecuatorianas. Esta guagua que ha nacido ahora ya la hemos bautizado con el nombre de PATRIA, esta guagua se llamará sencillamente PATRIA, sin apellido y sin taita, es hija de las mujeres de la Patria.
Ahora le toca al Taita Rajuel Correa hacerse cargo de esta guagua PATRIA, para que responsablemente le de techo, le de de comer, le de educación, le de salud, le de dignidad, le de vida alegre, le haga jugar y le haga sonreír.
Todo esto porque le tocó hacerse cargo de la guagua aunque no sea el taita. Y esta responsabilidad que le ha tocado asumir al Presidente Rafael Correa, significa un reto histórico para su mandato, pues ahora también le toca hablar de la cultura del milenio, del arte del milenio, que trascenderán las fronteras para que esta patria se universalice.